Indignados marca Perú
Recuerdo que al día siguiente del triunfo de Ollanta Humala como presidente de la República me preguntaron cuál era el peor peligro de su gobierno. Mi respuesta fue: “que no cambie nada. Que coloque piloto automático y una vez más las expectativas embalsadas de una gran parte de la población que confió en él se queden frustradas”. Ya lo había hecho Alan García al pasar de su cambio responsable, al Perro del Hortelano, y estaba claro que un importante sector de peruanos, por lo menos el 30% que votó por el candidato nacionalista en primera vuelta, quería algo distinto. La pregunta es ¿lo están consiguiendo? ¿Encuentra ese poblador del sur, de Espinar o de Cajamarca en el actual gobierno la opción preocupada por los más pobres por la cual votó?A juzgar por la indignación de los pobladores que protagonizan las protestas, no. Más allá de los radicales que siempre buscan pescar en río revuelto, es estúpido negar que existe una población muy molesta porque ha visto sus esperanzas irse al traste. El día que salió Ollanta Humala a decir “Conga Va” frente a un pueblo al que él mismo le había vendido la idea de que había que optar entre el agua y el oro, algo demasiado fundamental se fue al demonio en la relación Presidente – Electores que ni el ceño fruncido de militar de Olanta Humala, ni la dulce sonrisa de Nadine están en condiciones de recomponer.
Es verdad que hay una preocupación de este gobierno por contrarrestar su giro a la derecha en materia económica con programas sociales más eficientes; y tampoco podemos negar que el presidente se esmera viajando por el Perú profundo y poniéndose todos los trajes típicos que los pobladores le ofrecen. La pregunta es por qué a él no le funciona lo que a Fujimori le salía regio. Por qué a Alan le fue más sencillo saltar del cambio responsable al ¡¡¡Perú Avanzaaa!!! sin necesidad de moverse de Palacio. Creo que en el caso Ollanta se juntan algunos factores fundamentales que se están subestimando: en primer lugar, este ya no es un país sumido en una crisis insoportable como la de los noventa; por lo tanto los pobladores ya no están dispuestos a tranzar por un plato de lentejas o la construcción de una acequia; y reclaman mucho más que presencia y bailecitos. En segundo lugar, esos peruanos de los sitios más pobres del Perú con mayor actividad minera como Andahuaylas o Cajamarca, o Espinar vienen apoyando a Humala desde las elecciones del 2006, y saben muy bien lo que esperaban de él.
Y creo que este es el punto más sensible. No se trata, como en el caso de García de un presidente que enfrenta la furia de un sur que nunca lo quiso y ganó la presidencia con votos mayoritariamente urbanos y costeños, más proclives a asimilar la fábula del perro del hortelano. No son en este caso los electores de Keiko los que están molestos con Humala. Los que están furiosos, los indignados marca Perú, esos que Ollanta hoy llama con tanta ligereza “los radicales”, han sido sus fieles seguidores, su sólida base que lo colocó casi en silencio en primera vuelta, y que ahora no se van a dejar engatusar con el cuento de que tambiéeennn vieeene la gran transformación.



