Alejandro Toledo ha lanzado oficialmente su candidatura. De hecho, las encuestas lo colocan en situación expectante y, personalmente, creemos que si lleva a cabo una campaña inteligente donde, especialmente en ella, no repita los errores formales que cometió cuando fue gobierno, podría llegar a la segunda vuelta y, dependiendo del contrincante, romper el tabú de que nunca en nuestra historia un Presidente ha sido reelegido con un periodo intermedio.Es más, creemos que de definir una agenda de problemas prioritarios se tratase, el comando de campaña del líder de Perú Posible debería tener en claro que más fácil va a ser que gane a que dure en el gobierno. Así de duro y claro.
Sea quien sea quien gobierne del 2011 en adelante va a enfrentar serios escollos. Primero, que no solo no va a tener mayoría parlamentaria, sino que lo más probable es que las bancadas de oposición sean extremadamente beligerantes. Segundo, que casi ningún gobierno regional será amigo. A pesar de que los movimientos radicales han fracasado en la justa regional, igual mantienen un espíritu disidente que, al primer problema que se presente, saldrá a la superficie. El escenario de un país ingobernable es alto.
En el caso de Toledo hay un hecho que agrava el panorama. Sus relaciones políticas con el fujimorismo, con el humalismo y con el aprismo son cualquier cosa menos cordiales. Va a tener que limar asperezas en aras de la gobernabilidad.
Sin duda, las puyas y agresiones durante una campaña no tendrían por qué afectar las relaciones posteriores. Como en el fútbol, después de los 90 minutos las broncas suelen quedar a un lado. Pero en este caso, es evidente que las rencillas trascienden la sola competencia electoral. Con madurez e inteligencia está obligado a disiparlas.
Toledo está jugando acertadamente a ubicarse en la centro izquierda del proscenio electoral. Por allí entendemos que se podrá acceder con más facilidad al poder. La población quiere algo distinto al actual gobierno, que abiertamente ha ocupado el espacio de la derecha dura.
La lista de estropicios cometidos por Toledo en su mandato anterior es tan larga que esta columna quedaría chica para enumerarla. La lista de méritos es también grande, por cierto, y eso es justo reconocerlo. En todo caso, se avecina en su contra una campaña de demolición que ya hizo su precalentamiento en las elecciones municipales contra Susana Villarán. Eso lo favorecerá, sin duda, pero no por ello puede dejar de estar en su agenda personal la superación cualitativa, en la forma y en el fondo, de lo que fue su paso por la política peruana. No puede ser más de lo mismo. Ese es su desafío mayor
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